Hilaria González's Obituary
Con inmenso amor y eterna gratitud, celebramos la hermosa vida de Hilaria “Yaya” González, una mujer de fe inquebrantable, corazón generoso y alegría contagiosa, cuya vida fue un reflejo del amor de Dios. Yaya nació el 28 de Agosto de 1964 en El Salto, Jalisco, México, siendo la cuarta y última hija de Apolinar González Valdivia y María Concepción Nuño Reynaga, quienes la reciben nuevamente en la Casa del Padre.
El 22 de Julio de 2026, Dios la llamó a su presencia, su legado de fe, amor y servicio permanecerá vivo en todos aquellos que tuvieron el privilegio de conocerla.
Durante su juventud trabajó en la maquiladora Zenith, en Reynosa, Tamaulipas, donde gracias a su liderazgo, inteligencia y dedicación se desempeño como Secretaria Ejecutiva Bilingüe. En esa etapa de su vida muchos la conocían con cariño como “Yuri”.
En su carrera profesional destacó como líder de ventas, participó activamente en mesas directivas, contribuyendo al desarrollo y fortalecimiento de su comunidad. Para Yaya, el liderazgo siempre significó servir.
El mayor llamado de su vida no fue una profesión, sino la maternidad. Después del matrimonio, dejó atrás una prometedora carrera ejecutiva para dedicarse por completo a la crianza de sus hijas. Más adelante emprendió diversos negocios con creatividad, determinación y una incansable ética de trabajo, ayudando a sacar adelante a su familia y enseñando con el ejemplo que la fe, la perseverancia y el amor todo lo pueden.
Construyó una familia que siempre fue el centro de su vida junto a Rubén Suchil, el padre de sus hijas, Yesenia, Yuridia y Janeth a quienes llamaba con inmenso orgullo “Mis Tres Razones”.
Ellas fueron su mayor alegría, su inspiración diaria y el motivo de incontables oraciones. Gracias a su amor, esfuerzo y dedicación, sus tres hijas crecieron para convertirse en mujeres profesionales, un logro que llenaba profundamente de orgullo su corazón.
Brindaba generosamente su tiempo y su atención, especialmente a su querida madre, Conchita, a quien cuidó con amor y gratitud. Estaba presente en los momentos más importantes de sus familiares y amigos, porque para ella era importante demostrar su amor con acciones y muestras de cariño.
Pero, por encima de todos sus títulos y responsabilidades, Yaya fue una amada Hija de Dios consagrada a la Virgen María.
Vivió su fe con acciones, sirvió con alegría en grupos como Colombiettes, Legión de María, Shalom y en numerosas obras de caridad, su manera de evangelizar era sencilla y poderosa: amar, servir y hacer sentir a cada persona que era valiosa ante los ojos de Dios.
Disfrutaba decorar su hogar, cuidar de sus plantas y cosechar de su huerto; le encantaba bailar y cantar, llenar su hogar de vida, alegría y convertir cada rincón de su casa en un lugar de paz, calidez y amor. Le gustaba vestir con elegancia y arreglarse con dedicación y esmero. Su imagen personal reflejaba su alegría y amor por la vida.
También disfrutaba enormemente viajar, especialmente cuando esos viajes fortalecían su fe. Tuvo la bendición de conocer importantes ciudades y santuarios religiosos en Europa, México y los Estados Unidos, donde encontraba inspiración, paz y una oportunidad más para agradecer a Dios por las innumerables bendiciones de su vida.
Quienes la conocieron recordarán para siempre su sonrisa sincera, su espíritu servicial, su fortaleza, su optimismo y esa capacidad única de hacer sentir importantes a los demás. Tenía el extraordinario don de convertir los momentos más sencillos en recuerdos inolvidables. Una conversación, una comida compartida, una visita inesperada o una oración juntos bastaban para hacer sentir a cualquiera verdaderamente en casa.
Fue una extraordinaria hija, una madre incondicional, una hermana presente, una tía cariñosa y una amiga leal. Su legado permanecerá cada persona que sirvió y que fue bendecida por su bondad.
El amor de Yaya no termina con su partida. Vive en cada flor, en cada canción que alegra el corazón, en cada acto de servicio inspirado por su ejemplo y en cada oración
Yaya deja semillas de amor que continuarán floreciendo en la vida de quienes tuvieron la dicha de conocerla.
Le sobreviven, sus hijas: Maria Yesenia Tijerina (y su esposo Roberto), Yuridia Hilaria Suchil, Ruby Janeth Suchil. Sus hermanas: Eduviges González, Nina González y Marina Reyes.
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